Bandeja de arcilla
Podrá fabricarse un patrón útil, aunque provisorio, extendiendo arcilla de modelar en un molde para pizza o bizcochos. Si se desea un model de mayor duración podrá secarse la arcilla al fuego lento, en el horno, o dejándosela al sol durante varios días. Con una pajita o una lapicera a bolilla fuera de uso el maestro traza sobre la arcilla fresca todo el alfabeto, en letra cursiva minúscula. El alumnos disgráfico sigue entonces los patrones trazados por el docente, guiado por la mano de éste. Al cabo de un tiempo el niño habrá grabado estas formas en la memoria, pudiendo reproducirlas correctamente sin ayuda alguna. Debido a su resistencia al tacto, la arcilla imprime en los sentidos del pequeño una imagen visual del modo en que debe inclinar la mano, volver atrás para cerrar un círculo o efectuar la necesaria transición al pasar de una letra a la otra. Se trata de un molde al alcance de todos los maestros. Y, si después de usada, se cubre cuidadosamente la bandeja, la arcilla se mantendrá flexible y podrá utilizarse durante varios meses.
Bandeja de sal o arena
Podrá elaborarse otro patrón temporario cubriendo de sal o arena el fondo de una caja o cazuela. Al igual que con la arcilla, el docente traza letras cursivas que el niño deberá seguir con la mano. en el caso de disgráficos con problemas graves, a veces es preciso utilizar grava, ya que ésta produce una sensación táctil mucho más marcada en la yema de los dedos. Empero, a mucho educadores no les agrada este instrumento de aprendizaje, ya que el material utilizado se desparrama con facilidad. Si los alumnos son lo suficientemente maduros como para utilizarlo con cuidado, no obstante, podrá satisfacer una necesidad temporaria de refuerzo táctil en el aprendizaje de la escritura.
Modelo de plástico o madera
El patrón confeccionado en un listón de madera o trozo de plástico posee una duración mucho mayor. Primero el maestro escribe toda la secuencia alfabética, como se se tratara de una sola palabra muy larga, con todas las letras unidas entre sí. En un comienzo sólo se utilizarán minúsculas cursivas. Las letras deben ser lo bastante grandes como para permitir el movimiento fácil de los músculos que el niño usa para escribir y que son de tamaño mayor. Se utiliza entonces un instrumento especial para grabar las letras en la madera o plástico. Las muescas marcadas permiten guiar la mano del alumno mientras éste sigue las formas de las letras. Dichas muescas o ranuras no serán demasiado profundas: basta que admitan la punta del lápiz o lapicera del niño. El docente debe añadir una seña de interrupción cada vez que la mano deba cambiar la dirección al escribir la secuencia alfabética; pueden utilizarse, por ejemplo, pequeños alfileres clavados en la madera para indicar que la mano debe detenerse, o gotas de cera o puntos de color brillante. En alguno casos el maestro hace perforaciones más profundas en la madera, para que el lápiz del niño se traba y éste se vea obligado a detener el movimiento. Lo importante es marcar una señal táctil-visual que atraiga la atención del disgráfico, indicándole en qué momento debe modificar la dirección de sus trazos al terminar una letra. Algunos docentes dotados de sentido artístico suelen añadir flechas de color que indican la nueva dirección a seguir tras cada interrupción. La práctica cotidiana con los patrones de letra cursiva pronto deja entrever grandes resultados, a medida que el niño disgráfico comienza a comprender la importancia de la dirección en la escritura. Si el alumno puede dedicar quince minutos por día al trazado de toda la secuencia alfabética, el docente podrá advertir prontas mejorías.
Es preciso no atarear en exceso al niño con el trazado de la secuencia alfabética. El pequeño debe tomar conciencia de los objetivos básicos de esta ejercitación. Como la mayoría de los disgráficos aprenden tanto por vías audio-orales como físicas, es preciso integrar la vista, el sonido y el tacto en dicha actividad correctiva. al seguir el modelo de madera o plástico, el pequeño debe repetir lentamente el nombre de cada letra; no el sonido de la letra, sino su nombre. El farfulleo del niño puede irritar a otros pequeños que aprenden en silencio y requieren tranquilidad para concentrarse. si es imposible aislar al alumno que trabaja con el patrón alfabético, debe indicársele que apenas susurre las letras "Aaaa ... Beeee ... Ceee ..." Este tipo de ejercitación podrá parecer anticuado y fuera de tono en el aula moderna, pero cumple un objetivo específico: enseñar al niño disgráfico el sentido u orientación de las letras. si el docente recuerda dicho objetivo, se sentirá menos incómodo al encarar este tipo de entrenamiento poco ortodoxo en el aula.
El ideal sería que el alumno disgráfico trabajase al meno parte del tiempo con un instructor o ayudante amistoso. Al seguir las letras del patrón el estudiante es interrumpido de tanto en tanto por el instructor, quien le pregunta, por ejemplo: "¿Qué letra viene antes de la d? ¿Qué letra viene después de la p?". Mediante el trazado de las letras cursiva, la verbalización de la secuencia alfabética y la observación constante de las relaciones entre formas de letras específicas, el niño disgráfico va adquiriendo gradualmente conciencia funcional de la orientación, la ubicación y la formación de las letras. De este modo se sientan las bases del aprendizaje de la lectura y la escritura, según la estructura actual de los planes de estudio. Este tipo de ejercitación primitiva constituye el medio más directo para desarrollar la habilidad para al escritura en los niños disgráficos.
Tomado de
La dislexia en el aula. De Dale R. Jordan. Editorial Paidós, Buenos Aires, 1975.
Páginas transcritas: 151, 152 y 153
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